COMISARIOS QUEER

Sobre los límites en la asimilación institucional del activismo.


Jaime del Val


Como persona que presenta su trabajo y organiza eventos en instituciones museísticas y académicas, y que está además muy implicada en varios campos de activismo, defiendo la multiplicidad de relaciones y realimentaciones productivas y a menudo complejas que se producen entre el ámbito institucional y el activista.

Sin embargo creo que es preciso estar atentas a las instrumentalizaciones y abusos que en ocasiones se hacen desde la academia y el museo a la hora de apropiarse de prácticas activistas y artísticas emergentes en un plano de relaciones nada horizontal.

El ciclo La Internacional Cuir, comisariado por B. Preciado en el Museo Reina Sofía, parece presentar uno de estos casos, donde la institución se apropia de la españolización del término queer usada por colectivos de Chile y España desde hace años, se diseña un programa verticalmente, sin contar en el comisariado con los colectivos y artistas, (donde el comisario se lleva unos honorarios considerables y los artistas pocos o ningunos, siempre en aras de potenciar la figura paternalista del comisario) y se incluye a los activistas marginalmente en un debate antes de que los colectivos invitados hayan siquiera consensuado y confirmado su participación, lo que demuestra el nulo diálogo de la institución con los mismos; mientras se invita a unos performers de primera fila a actuar gratis o por honorarios míseros a cambio de las promesas curriculares que proporciona actuar en la Institución (formas de explotación consabidas en la Institución Arte, pero que parecen acentuarse cuando las invitadas son precarias activistas).

Esto parece ser práctica habitual de ciertos comisarios que practican la institucionalización de la marca queer como una suerte de marketing de autopromoción personal, disfrazado, claro está, de "lanzamiento" de los pobres colectivos que al parecer no sabrían vivir sin el museo. Comisarios que abundan en la producción de marcas de subversión (posporno, drag king, transgénero...) que territorializan de forma desafortunada campos difusos en los que mucha gente está trabajando y elaborando una producción interesante e irreductible, que rehusa cualquier etiquetado institucional.

Este refrito de teorías y prácticas angloamericanas de las últimas décadas sería muy bienvenido si se planteara como lo que es: difusión e importación, no producción de lo nuevo. Lo nuevo aparece justamente en los dominios irreductibles al etiquetado en los que muchos artistas y activistas están trabajando y que resulta problemático confinar a etiquetas institucionales.

Porque una cosa es la legítima autodenominación de esos colectivos y su identificación estratégica, con fines performáticos, performativos o de visibilidad, y otra que desde la óptica vertical del comisario se los asimile en la etiqueta asequible a la institución.

No se puede juzgar ningunas de estas cuestiones en blanco y negro, y hay mucho que defender de la presencia en instituciones de movimientos minoritarios. Se trata de no decir que sí a todo por pura presión de la institución, y de reflexionar ante las circunstancias particulares de cada acontecimiento.

Dicho esto, ¿Quienes son estos comisarios, que disfrazados de subversión y pose destroy punk se erigen en valedores de una ortodoxia queer, reproduciendo los mismos mecanismos de exclusión y poder hegemónico en los territorios minoritarios del movimiento y censurando todo lo que excede su discurso consabido, a todo el que no le hace el juego, o a quien le hace sombra por tener discurso propio? ¿A quién sirven estos comisarios aparte de a sí mismos? ¿Quizás a la institución en la que se apoyan para hacer carrera, utilizando a los colectivos para ello? ¿Cuanto tiempo van a seguir algunas aguantando el chantage institucional de: o te asimilamos o no existes?

¿Hasta cuando aguantar a estos comisarios, subidos en falsos pedestales, que deciden de cara a la luz pública qué colectivos, activistas y artistas cuentan y cuales no, reproduciendo con ello los más rancios mecanismos de poder, en contradicción abismal con la horizontalidad de los movimientos que fagocitan?

Resulta sangrante, por ejemplo, la ausencia en la muestra de videos de la CUDS (Coordinadora Universitaria por la Disidencia Sexual) chilena, quienes pusieron en circulación años atrás el término cuir, pero que cometieron el fallo irreparable de rebelarse contra una censura impuesta contra ellos por Pedro Lemebel, amigo del comisario de La Internacional Cuir, censura a la que reaccionaron simulando performáticamente su muerte con la acción "El postporno mató a Lemebel" registrada en el vídeo "La muerte de la loca". Como consecuencia han quedado excluidos totalmente de la misma, ni siquiera se los menciona en el folleto introductorio.

Otro tanto se ha hecho con otros colectivos que han puesto en circulación el término cuir en España, como la Acera del Frente, así como otros colectivos que trabajan en esta línea, más recientes y muy activos en la actualidad, como la Asamblea Transmaricabollo del movimiento 15M en Sol.

El comisario defiende su uso del término al hablar de "desplazamiento geopolítico hacia el sur, en contrapunto al discurso colonial angloamericano". ¿Hay algo más colonial que apropiarse de algo excluyendo a quienes lo ponen en marcha? me recuerda inevitablemente a las multinacionales angloamericanas que van a las tribus de américa del sur a apropiarse de sus recetas para patentarlas. Solo que ahora las tribus son las especies desprotegidas de la disidencia sexual, convertidas ellas mismas en patentes de museo.

Los videos excluidos de la CUDS y otros videos sudakas que no se mostraron en el Museo Reina Sofía se proyectarán el jueves 24 de noviembre en la JORNADA ANOARKISTA 1.0 en el CSOA K.O.A.L.A. un Ciclo imprescindible y lleno de glamour comisariado por sudakas anóminos donde tendré el honor de participar junto a la rata Masacre.

Otro ejemplo de esta clase de apropiaciones indebidas frustradas del comisario se sitúa hace cosa de un mes, en octubre de 2011, cuando el mismo estaba organizando un seminario en UNIA-Sevilla, con el título original de Cuerpo Común, un concepto que vengo desarrollando desde hace tres años en el grupo de trabajo homónimo que coordino en Medialab Prado, así como en numerosos escritos y proyectos, (que el comisario conoce hasta el punto de haberme felicitado en varias ocasiones por proyectos desarrollados en el marco del grupo). Escribí primero al comisario y luego a UNIA exigiendo que se citaran las circunstancias y contexto en que dicho concepto se puso en circulación, como cuestión mínima de ética y de procomunes, y tras mucha insistencia por mi parte, en lugar de incluir la cita solicitada, cambiaron el título y el concepto del seminario a Cuerpo Impropio. Podría narrar actuaciones del comisario unos doce años atrás cuando yo editaba la Revista Reverso, donde publiqué alguno de sus primeros escritos serios en castellano.

¿Queremos esta policía de lo Queer? Obviamente, NO.... TOLERANCIA CERO. Tanto como se nos llena la boca con rebelarnos contra el sistema y no tolerar paternalismos y autoridades y, ¿entramos sin embargo en esta clase de juegos? ¿Dónde están las indignadas y hartas capaces de oponer resistencia a estos abusos de poder? Quizá es hora de que hagamos otro video en la línea del realizado por la CUDS… Se prepara un nuevo "crimen", o quizás un antivirus: Los Microsexos mataron a BP...

Nada más queer/cuir/kuir que contaminar espacios institucionales. Nada MENOS queer/cuir/kuir que la apropiación-fagocitación-asimilación-globalización en la institución pasada por la censura del comisario de turno. La línea divisoria entre uno y otro es a veces muy fina.

Afortunadamente surgen, ya era hora, voces y reacciones varias que se rebelan contra estas manipulaciones, como el contradebate programado coincidiendo con el mencionado ciclo por algunas de las personas de Barcelona y Madrid inicialmente programadas en el ciclo del Museo Reina Sofía y que decidieron no asistir al mismo, y titulado LA LOKAL KUIR. DISFORIAS INSTITUCIONALES EN LAS LUCHAS AUTÓNOMAS, celebrado en el CSOA Casablanca a las 18'00 del 18 de noviembre, al que se han unido voces independientes como la de Helena Torres.

Si bien hubiera sido deseable que este contradebate no coincidiera en horario con el programa del museo, puesto que en él participan apreciadas colegas que no podemos tachar ni de cómplices ni de víctimas de la institución, y muchas de ellas producen trabajos muy interesantes, que pueden escoger, o no, asociar a la etiqueta del proyecto como estrategia de visibilidad o por el motivo que sea. Al fin y al cabo, ante la situación desigual planteada hay que aprovecharse de la institución antes que dejar que esta se aproveche de nosotras.

Personalmente, me hubiera gustado asistir a ambos eventos para poner en movimiento una problematización de estas relaciones de poder que exceda los dualismos en blanco y negro y las demonizaciones recíprocas, ante una cuestión política de primer orden que no afecta solo a un comisario, una institución o un movimiento concreto, sino que apunta a una tradición entera de relaciones parasitarias y desiguales.

Porque detrás de esta polémica puntual se ocultan problemáticas mucho más amplias:

1. Por un lado la compleja relación entre movimientos queer/cuir/kuir y la academia. Plantearse si fue primero lo uno o lo otro es redundante: se han constituido en relaciones de contaminaciones productivas recíprocas durante dos décadas, hasta resultar difícilmente separables.

2. Las fagocitaciones del término queer/cuir/kuir que se producen desde hace más de 15 años en el ámbito angloamericano y más de diez en el hispanohablante, por el uso descontextualizado del término como marca y bandera de subversión en la academia y fuera de ella, donde muchas colegas hacen un trabajo de contextualización muy digno e importante mientras otras contribuyen a su fagocitación con proclamas y retóricas de la subversión barata.

3. La manera en que lo queer/cuir/kuir se ha territorializado como opción "radical" en políticas de género y sexualidad, convirtiéndose así en lo contrario de lo que era: un territorio de poder más, que excluye y silencia otras políticas posibles, cerrando cada vez más el horizonte, en vez de abrirlo, en torno a un repertorio consabido que gravita en torno a la performatividad de la identidad y su parodia subversiva.

4. Los procesos de globalización de las políticas queer/cuir/kuir, que forman parte, querámoslo o no, del aparato colonial-poscolonial y que a menudo acogemos sin la menor crítica, mientras cuestionamos hasta hartarnos la globalización de lo "gay" o de la heteronormatividad hollywoodense compulsiva, donde a menudo confundimos el mestizaje promovido autónomamente con la colonización encubierta.

5. Las problemáticas derivadas de la intraducibilidad del término, que se usa en ocasiones para disfrazar su entrada en la academia convirtiéndolo en lo contrario de lo que era: una marca territorial en vez de un movimiento desterritorializante.

6. Las relaciones desiguales de poder que se producen históricamente entre instituciones y movimientos y que algunas intentan disfrazar criticando a Michel Foucault, cuando en realidad los mecanismos de control institucional, en vez de desaparecer se han hecho aun más ubicuos, perversos y camuflados.

7. Y, por ende, las problemáticas de poder que surgen dentro de unos movimientos pretendidamente horizontales pero que nunca lo son del todo y donde muchas no dudan a la hora de alabar las figuras paternalistas de los comisarios, mientras otras intentan excusar sus abusos de poder tras el cajón de sastre del empoderamiento, cuando no se recurre directamente al victimismo. Como si nuestra finalidad fuese destronar a los que ocupan el poder para sentarnos en su lugar: ¿Acaso no tenemos nada más interesante que hacer? ¿Es esto el resultado de décadas de luchas y experimentaciones? ¿Es que no somos capaces de inventar otras políticas?

En términos generales, hasta que no haya un diálogo horizontal con las instituciones la relación está envenenada a priori, y para ello hacen falta procesos que en la mayoría de los casos brillan por su ausencia, cediéndose al voraz apetito de nuestra cultura mercantilista por vender marcas prefabricadas: la Operación Triunfo de lo Kuir.


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